La Ermita del Calvario, construida a finales de los años setenta sobre el Cerro Boyero, es un ejemplo de arquitectura religiosa contemporánea. Su estructura octogonal, coronada por una cruz, incorpora elementos del antiguo campanario de la iglesia parroquial derribada en 1971.
Además de su valor arquitectónico, es un punto clave en las tradiciones religiosas de Valenzuela, destacando la procesión del Viernes Santo y el culto a la Virgen de la Cabeza. Un Vía Crucis guía el camino hasta la ermita, abierta al público en octubre.
En el punto más elevado del término municipal, a 804 metros de altitud, en la cadena de cerros del Monte Horquera, encontramos una torre de forma cilíndrica construida con piedra caliza entre los siglos XIII-XIV d. C. Es una torre atalaya, palabra que viene del árabe con el significado de vigilancia. Cuando esta comarca era frontera entre cristianos y musulmanes, esta torre servía para vigilar los caminos y dar aviso en caso de necesidad encendiendo hogueras en su azotea.
Entre los vestigios históricos de Nueva Carteya destaca el antiguo Recinto Amurallado de la Plaza de Armas, donde aún se conservan partes de las defensas que en su día protegieron el núcleo original del asentamiento. Este espacio, hoy integrado en la vida urbana, sigue recordando la importancia estratégica que tuvo la localidad y forma parte del trazado histórico que ha llegado hasta nuestros días.
Es uno de los mayores “recintos fortificados” del término municipal de Nueva Carteya, con una gran complejidad arquitectónica. Tiene un marcado carácter defensivo, presentando un gran edificio central rodeado por una potente muralla con bastiones. Su ocupación se remonta a Época Ibérica (comienzos del siglo IV a. C.) y se prolonga hasta Época Altoimperial (siglo I d. C.)
En la vertiente norte del cerro donde se asienta la villa de Espejo se localizan los restos de un depósito de agua circular identificado como el lacus o depósito terminal de un acueducto que procedente del Monte Horquera, en las cumbre de Nueva Carteya, abastecía de agua a la Colonia Claritas Iulia Ucubi.
Está construido en argamasa- opus caementicium- con un diámetro de 35 metros de diámetro y una anchura de casi un metro, tratándose de una de las más interesantes obras de ingeniería hidráulica romanas de la provincia de Córdoba. Puede fecharse a finales del siglo I a.C. en relación estrecha con la organización en colonia de la ciudad íbera de Ucubi y el desarrollo urbanístico que este hecho llevaría consigo.
El Pozo Alcalá está ubicado fuera de la antigua colonia romana Claritas Iulia Ucubi, fundada tras la batalla de Munda en el 45 a.C. Bajo Augusto, la ciudad se urbanizó y monumentalizó, aunque gran parte queda bajo el caserío actual.
Los restos descubiertos corresponden posiblemente a un edificio termal romano, abandonado en el siglo III y reutilizado en épocas posteriores, incluida la andalusí, cuando la zona sirvió también como necrópolis. Este lugar refleja la continuidad histórica de Espejo desde la antigüedad hasta el periodo musulmán.
El aljibe-ninfeo romano de Espejo, construido alrededor del 45 a.C., se levantó sobre un antiguo santuario turdetano dedicado al culto del agua y sus propiedades curativas. Esta obra hidráulica monumental, dedicada a las ninfas, simboliza la importancia del agua como fuente de vida y protección en diversas culturas. Su estructura, realizada con grandes sillares, refleja el ingenio romano y la influencia de las legiones cesarianas en la zona.
Tras caer en desuso en el siglo III, el aljibe fue reutilizado en época andalusí, cuando se adaptaron sus bóvedas para facilitar la extracción del agua mediante un sistema de poleas. En la Edad Moderna, el suministro se trasladó a la fuente cercana, pero el aljibe sigue siendo un testimonio destacado de la ingeniería hidráulica romana y la continuidad del culto al agua en Espejo.
A unos dos kilómetros de Espejo, en el Camino Viejo a Castro, se encuentra el yacimiento arqueológico de la Fuensanta, donde confluyen tradición religiosa y herencia romana. Allí se alzan los restos de una antigua ermita del siglo XVI dedicada a la Virgen de la Fuensanta, erigida junto a un manantial que sigue siendo símbolo de devoción popular. La leyenda atribuye su fundación al deseo manifestado por la propia Virgen a un pastor.
Bajo la ermita se conserva un notable aljibe romano, construido en época de Augusto, que demuestra el conocimiento hidráulico de los ingenieros de la antigua Ucubi. Este depósito, con bóvedas de sillar y una canalización de más de 27 metros, aún sigue funcionando, abasteciendo de agua a la zona y recordando la continuidad de un culto ancestral al agua como fuente de vida.
A escasos metros al noroeste de Espejo se encuentra el puente romano de la Pontanilla, una construcción de un solo arco de medio punto levantado con sillares de arenisca. Su origen se vincula a una antigua calzada que unía Ategua con Spalis a través de la colonia romana de Ucubi, cruzando el arroyo Malperdido.
Esta vía, de probable origen ibérico, fue testigo del paso de tropas durante la campaña de César antes de la batalla de Munda en el 45 a. C. La Pontanilla es hoy un vestigio clave del legado romano en la red de comunicaciones del territorio.
La Fuente del Matadero se localiza en la parte sur de Espejo, junto al antiguo matadero municipal, del que toma su nombre. Su estructura es sencilla, con un caño que vierte a un pilar rectangular construido en mampostería y enlucido, que sirvió durante décadas como punto de abastecimiento para el vecindario y, sobre todo, para el ganado conducido al matadero.
Antes de la llegada del agua corriente, esta fuente formaba parte del entramado de recursos hídricos esenciales para la vida cotidiana del pueblo. Aunque hoy ha perdido su uso original, sigue siendo un vestigio significativo del patrimonio hidráulico espejeño y del modo de vida anterior al siglo XX.
















