La Casa Consistorial de Espejo, sede del Ayuntamiento, se ubica en el corazón del casco histórico. El edificio, de sobria arquitectura tradicional andaluza, ha sido reformado a lo largo del tiempo, aunque conserva elementos propios de su función institucional desde el periodo moderno. Su fachada, sencilla y equilibrada, refleja la continuidad administrativa de la villa, que durante siglos ha mantenido su papel como centro de gobierno local.
En la Plaza de la Constitución se alza una de las casas señoriales más destacadas de Espejo, ejemplo refinado de la arquitectura barroca del siglo XVIII. Fue construida por la familia Tafur y Leiva, linaje vinculado a la administración de la Casa Ducal.
Su portada, con columnas acanaladas y estípites, está coronada por un escudo nobiliario. Uno de sus elementos más singulares es la cadena que cuelga del balcón, símbolo del “privilegio de cadenas”, concedido tras alojar en 1731 al infante Carlos de Borbón —futuro Carlos III—, quien se refugió aquí durante una epidemia de viruela en Córdoba. Este privilegio otorgaba derecho de asilo a quienes se refugiaban en la casa, dotándola de un valor jurídico y simbólico excepcional.
En la calle Antón Gómez n.º 10 se encuentra la casa señorial más antigua de Espejo, construida a finales del siglo XVI. Destaca por su portada renacentista con almohadillado facetado, característico de la época.
Perteneció a Antón Gómez, figura vinculada al poder señorial bajo el dominio del duque de Medinaceli. Además de su valor histórico, la casa está rodeada de leyendas populares y fue residencia de los martiricos, religiosos encargados del orden local. Frente a ella se conservan restos de una muralla medieval.
Ubicado en la Plaza de la Constitución frente al ayuntamiento, este edificio simboliza un lugar de encuentro entre espejeños. Vendedores de hortalizas, pescados y carne acudían a diario a este lugar de encuentro para vender su mercancía. Aquí no solo se podían comprar productos alimenticios sino conversar y tener contacto con los demás habitantes de la localidad, incluso los jornaleros esperaban a ser contratados por quienes necesitaban mano de obra (albañiles, jornaleros del campo, transportistas…).
Fruto del programa de restauración llevado a cabo por la Dirección General de Regiones Devastadas entre los años 1944 y 1946 cuenta con una fachada coronado con molduras pintadas en amarillo y azulejos con letras azules añiles. Mercado Municipal. D.G.R.D. (Dirección General Regiones Devastadas) año 1944. Junto con el Ayuntamiento (que antes fue la oficina de correos y telégrafos durante dos años), en 1946, engrandecieron urbanísticamente la plaza y la consolidaron con un eje fundamental en la vida de los espejeños, reuniendo administración, mercado, comercio, servicios y tabernas.
Situada en la calle San Bartolomé, nº 64, esta casa solariega, construida en 1798, es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura señorial de Espejo. Su imponente fachada de tres plantas, decorada con elementos barrocos, refleja el estatus de sus antiguos moradores.
Destaca la portada de piedra con pilastras, arcos escarzanos y un frontón coronado por una cruz. En el interior, un amplio vestíbulo conduce a una elegante galería y un patio porticado de clara influencia romana, que revelan la grandiosidad y funcionalidad propia de las viviendas nobles de la época.
La Casa del Agua, ubicada en la calle San Bartolomé junto al Castillo Ducal y la iglesia homónima, es un centro de interpretación dedicado al patrimonio hidráulico de la antigua colonia romana Claritas Iulia. Este antiguo depósito de agua, cuidadosamente restaurado, refleja la histórica preocupación de Espejo por la gestión del agua debido a la escasez de fuentes locales.
El edificio exhibe la evolución de las infraestructuras hidráulicas que han asegurado el suministro desde la época romana hasta el siglo XX, cuando se implementó la canalización pública. La Casa del Agua conserva y difunde este legado esencial para entender el desarrollo y la vida en la villa.






