Las fuentes y abrevaderos de Espejo no solo han sido esenciales para el abastecimiento y el uso cotidiano, sino que también forman parte del alma del pueblo.
Repartidos por su entorno urbano y rural, estos elementos hidráulicos reflejan una tradición ligada al agua como recurso vital y punto de encuentro.
En Espejo, la escasez de grandes cursos de agua ha obligado a usar fuentes como la de Tejadilla, situada junto a la N-432. Esta fuente ha abastecido históricamente de agua potable a la población y sus cultivos.
La fuente cuenta con un solo caño que brota de una conducción subterránea de mampostería, vertiendo a un pilar rectangular y conectado a una pileta cuadrangular. El agua se canaliza desde allí hacia el cercano cortijo Tejadilla.
A 4 km de Espejo, junto a la carretera a Nueva Carteya, se encuentra el parque periurbano El Borbollón, un paraje rodeado de olivares y manantiales de agua potable, ideal para disfrutar de la naturaleza.
Este lugar ha estado habitado desde la prehistoria, como lo demuestran restos de hachas de piedra pulimentada. Fue uno de los manantiales más caudalosos de la provincia y abasteció al pueblo durante décadas, hasta que se comenzó a usar el agua del pantano de Iznájar.
El conjunto arquitectónico destaca por su frontón barroco con cuatro caños que vierten agua en un pilar de mampostería. El agua sobrante se canaliza hacia un arroyo que nace en este manantial, llamado arroyo del Borbollón.
La Fuente Nueva, situada en el paraje del Alcaparral junto a la N-432, fue durante siglos un importante punto de abastecimiento de agua para los habitantes de Espejo. Mencionada ya en el siglo XIX por Ramírez de las Casas-Deza, cumplió funciones clave como lavadero, abrevadero y fuente de consumo.
Su estructura actual consiste en un pilar de planta trapezoidal y un muro de mampostería con un caño que vierte el agua sobre el pilar. Como muchas otras fuentes tradicionales, su uso ha decaído con el tiempo, aunque sigue siendo testimonio del vínculo histórico entre los asentamientos humanos y el agua.
El Pilar Salado, en la parte norte de Espejo, debe su nombre a sus aguas salobres. Fue una de las pocas fuentes disponibles en una villa históricamente marcada por la escasez de agua potable. Ya en el siglo XVII, se documentan reparaciones urgentes sufragadas por los vecinos durante una grave sequía. Su existencia refleja las dificultades históricas de Espejo para abastecerse de agua.
El Pozo Mármol, ubicado en el casco urbano de Espejo, es uno de los muchos pozos históricos que abastecieron a la población antes de la llegada del agua corriente. Aunque no potable, prestó servicio junto a otros como el de San Roque o el desaparecido Pozo de San José. En Espejo existía una extensa red de pozos y fuentes —como la Fuente Nueva, el Pilar Salado o el pozo del cementerio— usados para consumo doméstico, lavaderos y abrevaderos. También destacan los manantiales de la Mina o La Alcubilla, con agua potable, y otros muchos repartidos por el término municipal, reflejo de una lucha constante por el acceso al agua.
El Aljibe de Espejo, situado a 1 km del pueblo siguiendo el antiguo camino romano hacia Obulco, es un depósito de agua construido en torno al 45 a.C., posiblemente sobre un antiguo lugar de culto turdetano. De planta cuadrada y con bóveda perforada por óculos, fue obra de los militares cesarianos y formaba parte de una red hidráulica romana que abastecía a la ciudad de Ucubi. Desde él, una galería subterránea conducía el agua hasta la fuente del Aljibe. Excavado y restaurado en 1988, es un ejemplo vivo de la ingeniería hidráulica romana.
El abrevadero de la Fuensanta, situado a unos 2 km de Espejo, fue durante siglos un punto vital para abastecerse de agua. Sus aguas, aprovechadas de un antiguo aljibe romano, fueron consideradas curativas. En el siglo XVI se construyó sobre él una ermita dedicada a la Virgen de la Fuensanta, patrona local, convirtiendo el lugar en centro de culto y encuentro popular, especialmente durante la romería del 8 de septiembre. Este abrevadero refleja la importancia histórica y simbólica del agua en la vida cotidiana de los espejeños.
La Fuente del Matadero se localiza en la parte sur de Espejo, junto al antiguo matadero municipal, del que toma su nombre. Su estructura es sencilla, con un caño que vierte a un pilar rectangular construido en mampostería y enlucido, que sirvió durante décadas como punto de abastecimiento para el vecindario y, sobre todo, para el ganado conducido al matadero.
Antes de la llegada del agua corriente, esta fuente formaba parte del entramado de recursos hídricos esenciales para la vida cotidiana del pueblo. Aunque hoy ha perdido su uso original, sigue siendo un vestigio significativo del patrimonio hidráulico espejeño y del modo de vida anterior al siglo XX.
En el mismo lugar donde desde el siglo XVI se levantaba la ermita de Nuestra Señora del Rosario junto al antiguo camino de Córdoba– el amante de la naturaleza puede gozar también de una amplia zona de jardines, desde la cual se divisa una espléndida estampa del castillo ducal. Muy cerca del parque un pozo, un manantial que proporcionaba el agua para las necesidades de la ermita, y el riego a la Huerta del Rosario, que da nombre a este ámbito cuasi sacral.
Con la instalación del parque desaparecieron los últimos vestigios de un edificio más de cuatro veces centenario, adonde acudían los devotos de una advocación mariana, que el dominico fray Pedro Mesía, con la fundación de la cofradía del Rosario (1590), se había encargado de propalar. Como también se borró la última huella del «viejo» camposanto –instalado junto a los muros de la ermita en 1885– que desempeñó sus funciones hasta los años cuarenta de la pasada centuria, cuando se funda el actual.
Espejo cuenta con un parque urbano que ofrece al visitante una zona inmejorable para recreo, descanso y solaz. Tras su reciente ampliación y remodelación –fue inaugurado en 1998– el parque está integrado en la excelente Piscina Municipal, como zona de merendero, dotado de mesas y barbacoas que multiplica su versatilidad. La amplia zona de césped y la densidad de su arboleda hace de ella un lugar reconfortante y acogedor. La plaza central del parque la ocupa un mosaico en acero que representa el mapa de Europa, alegórico a su nombre.
Su privilegiada situación, junto a una especie de bulevar en la zona conocida como «Cafetín», lo convierte en un atractivo lugar de encuentro para los vecinos que acuden regularmente a dialogar y pasear. O a reunirse en un café–bar y restaurante de primoroso servicio, que brinda al cliente lo mejor de la gastronomía espejeña. En los aledaños del parque se levantan las instalaciones del estadio de fútbol «San Bartolomé», digno igualmente de una visita.














