En el punto más elevado del término municipal, a 804 metros de altitud, en la cadena de cerros del Monte Horquera, encontramos una torre de forma cilíndrica construida con piedra caliza entre los siglos XIII-XIV d. C. Es una torre atalaya, palabra que viene del árabe con el significado de vigilancia. Cuando esta comarca era frontera entre cristianos y musulmanes, esta torre servía para vigilar los caminos y dar aviso en caso de necesidad encendiendo hogueras en su azotea.
Entre los vestigios históricos de Nueva Carteya destaca el antiguo Recinto Amurallado de la Plaza de Armas, donde aún se conservan partes de las defensas que en su día protegieron el núcleo original del asentamiento. Este espacio, hoy integrado en la vida urbana, sigue recordando la importancia estratégica que tuvo la localidad y forma parte del trazado histórico que ha llegado hasta nuestros días.
Es uno de los mayores “recintos fortificados” del término municipal de Nueva Carteya, con una gran complejidad arquitectónica. Tiene un marcado carácter defensivo, presentando un gran edificio central rodeado por una potente muralla con bastiones. Su ocupación se remonta a Época Ibérica (comienzos del siglo IV a. C.) y se prolonga hasta Época Altoimperial (siglo I d. C.)









