La Fuente del Matadero se localiza en la parte sur de Espejo, junto al antiguo matadero municipal, del que toma su nombre. Su estructura es sencilla, con un caño que vierte a un pilar rectangular construido en mampostería y enlucido, que sirvió durante décadas como punto de abastecimiento para el vecindario y, sobre todo, para el ganado conducido al matadero.
Antes de la llegada del agua corriente, esta fuente formaba parte del entramado de recursos hídricos esenciales para la vida cotidiana del pueblo. Aunque hoy ha perdido su uso original, sigue siendo un vestigio significativo del patrimonio hidráulico espejeño y del modo de vida anterior al siglo XX.
El abrevadero de la Fuensanta, situado a unos 2 km de Espejo, fue durante siglos un punto vital para abastecerse de agua. Sus aguas, aprovechadas de un antiguo aljibe romano, fueron consideradas curativas. En el siglo XVI se construyó sobre él una ermita dedicada a la Virgen de la Fuensanta, patrona local, convirtiendo el lugar en centro de culto y encuentro popular, especialmente durante la romería del 8 de septiembre. Este abrevadero refleja la importancia histórica y simbólica del agua en la vida cotidiana de los espejeños.
El Aljibe de Espejo, situado a 1 km del pueblo siguiendo el antiguo camino romano hacia Obulco, es un depósito de agua construido en torno al 45 a.C., posiblemente sobre un antiguo lugar de culto turdetano. De planta cuadrada y con bóveda perforada por óculos, fue obra de los militares cesarianos y formaba parte de una red hidráulica romana que abastecía a la ciudad de Ucubi. Desde él, una galería subterránea conducía el agua hasta la fuente del Aljibe. Excavado y restaurado en 1988, es un ejemplo vivo de la ingeniería hidráulica romana.
El Pozo Mármol, ubicado en el casco urbano de Espejo, es uno de los muchos pozos históricos que abastecieron a la población antes de la llegada del agua corriente. Aunque no potable, prestó servicio junto a otros como el de San Roque o el desaparecido Pozo de San José. En Espejo existía una extensa red de pozos y fuentes —como la Fuente Nueva, el Pilar Salado o el pozo del cementerio— usados para consumo doméstico, lavaderos y abrevaderos. También destacan los manantiales de la Mina o La Alcubilla, con agua potable, y otros muchos repartidos por el término municipal, reflejo de una lucha constante por el acceso al agua.
El Pilar Salado, en la parte norte de Espejo, debe su nombre a sus aguas salobres. Fue una de las pocas fuentes disponibles en una villa históricamente marcada por la escasez de agua potable. Ya en el siglo XVII, se documentan reparaciones urgentes sufragadas por los vecinos durante una grave sequía. Su existencia refleja las dificultades históricas de Espejo para abastecerse de agua.
La Fuente Nueva, situada en el paraje del Alcaparral junto a la N-432, fue durante siglos un importante punto de abastecimiento de agua para los habitantes de Espejo. Mencionada ya en el siglo XIX por Ramírez de las Casas-Deza, cumplió funciones clave como lavadero, abrevadero y fuente de consumo.
Su estructura actual consiste en un pilar de planta trapezoidal y un muro de mampostería con un caño que vierte el agua sobre el pilar. Como muchas otras fuentes tradicionales, su uso ha decaído con el tiempo, aunque sigue siendo testimonio del vínculo histórico entre los asentamientos humanos y el agua.
A 4 km de Espejo, junto a la carretera a Nueva Carteya, se encuentra el parque periurbano El Borbollón, un paraje rodeado de olivares y manantiales de agua potable, ideal para disfrutar de la naturaleza.
Este lugar ha estado habitado desde la prehistoria, como lo demuestran restos de hachas de piedra pulimentada. Fue uno de los manantiales más caudalosos de la provincia y abasteció al pueblo durante décadas, hasta que se comenzó a usar el agua del pantano de Iznájar.
El conjunto arquitectónico destaca por su frontón barroco con cuatro caños que vierten agua en un pilar de mampostería. El agua sobrante se canaliza hacia un arroyo que nace en este manantial, llamado arroyo del Borbollón.
En Espejo, la escasez de grandes cursos de agua ha obligado a usar fuentes como la de Tejadilla, situada junto a la N-432. Esta fuente ha abastecido históricamente de agua potable a la población y sus cultivos.
La fuente cuenta con un solo caño que brota de una conducción subterránea de mampostería, vertiendo a un pilar rectangular y conectado a una pileta cuadrangular. El agua se canaliza desde allí hacia el cercano cortijo Tejadilla.














