En el corazón de la campiña cordobesa, Castro del Río se alza sobre un promontorio junto al río Guadajoz, con una historia que floreció especialmente durante el periodo andalusí. En aquellos siglos, fue una villa fortificada estratégica, protegida por murallas almohades que aún perfilan el barrio antiguo.
Conocida entonces como Qasira, formaba parte de una importante red de comunicación entre Córdoba y el sureste peninsular. Su trazado urbano, adaptado al terreno, refleja la lógica defensiva y funcional de las ciudades musulmanas. Hoy, ese legado sigue latente en su arquitectura, en la disposición de sus calles y en el carácter silencioso de sus rincones.
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